Leer tu propio diario de vida; una sutil disociación
Un día vuelvo a mi casa con una nostalgia inusual. Me deshago de mi bolso, de mi ropa de trabajo, los zapatos, y me acerco al librero. Identifico en el desorden, mi diario de vida, que ha tenido distintas formas durante los años. Me lanzo sobre la silla acapulco del balcón, y leo en algunas páginas lo concreto del pasado. Lo que pensaba y se ha mantenido igual. Las cosas que con el tiempo agotaron sus tramas, las que crecieron.
A veces me aproximo al pasado con horror. Otras con curiosidad. El diario más longevo es una agenda que usé a los 8 años para hacer dibujos y escribir poemas, todos firmados. Releo mi nombre escrito. Veo el proceso de invención de mi firma. Y me pregunto qué me llevó con tanta seguridad a firmar como “autora”.
Esos divertidos acertijos, sobre el devenir de la conciencia personal, tienen lugar en la lectura de los diarios íntimos. Nada habla tanto de ti como tu voz del pasado. El efecto de leerse ópera como una sutil disociación.
Devuelvo el volumen a mi librero. Mis diarios, acomodados en una sección vecina de los Diarios de Alejandra Pizarnik, cuya publicación conforma una polémica que se comenta entre las y los estudiosos de las escrituras íntimas.
Pizarnik reescribió en vida parte de sus diarios, y publicó una versión de ellos antes de su fallecimiento. En el 2003 se publica una primera edición póstuma. Se critica que es un libro armado, que sigue el modelo de los diarios de Virginia Woolf, canónicos en la narración de lo cotidiano. Esta es la edición que leí, construida en torno a la figuración suicida, la depresión, el pensamiento misógino y el sentimiento de ser un fracaso literario.
La crítica ha encontrado en estos diarios, tres tipos de fragmentos: el ensayo del estilo literario, pasajes que sirven de materia prima, y comentarios de lecturas.
De acuerdo a Roland Barthes, uno de los principios de la escritura íntima,
que tiene lugar en los diarios de vida, es que se escriben sin el afán
de perseguir su publicación.
Ni cuentos, ni poemas. Ni novelas. Además, habla del idiolecto autoral. Lo define como el artificio de la sinceridad, y nos interroga acerca de si la intimidad puede convertirse en “obra”.
Para darle vuelta a esa pregunta, tomemos de ejemplo el Diario de gastos de Domingo Faustino Sarmiento, un volumen que recoge listas de compras, objetos y su valor, además de listas de tareas. La vida cotidiana expresada en una escritura mundana, pero que permite reconstruir una época, costumbres, alimentación, como una foto de un pasado donde solo lo escrito podía proyectar la memoria futura.
Otros motivos literarios de los diarios son informar de una época, y convertir el autor en objeto de deseo.
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Alain Girard nos cuenta que el diario íntimo aparece en 1800, previo al auge del romanticismo. El surgimiento del diario nos habla acerca de la sensibilidad de la época, como la exaltación del sentimiento, y la ambición de contraponer la sensación al entendimiento.
El diario íntimo expresa la interrogación del individuo frente a su nueva posición en el mundo. Revelan la importancia -¿o la existencia?-
del inconsciente.
Blanchot, en El diario íntimo y el relato establece que el “diario íntimo” se somete al calendario, y que su fin es registrar el tiempo común. Lo íntimo para Blanchot se arraiga en lo cotidiano y en la perspectiva que esto delimita. Y agrega que “el diario está ligado a la extraña convicción de que uno puede observarse y debe conocerse”.
Para las y los diaristas, escribir y leer el diario constituye un acto de lectura virgen.
No escribo para nadie, escribo para mi misma. Y lo que escribo, solo me lo leo a mí.
Llevar el registro de la propia conciencia, puede llevar formatos clásicos, como los diarios infantiles con broches y candados, siguiendo la lógica de escribir para que nadie más que yo lo lea. Y luego, cuadernos, libretas anchas y delgadas, de tapa dura y blanda, que responden a los azares de la vida.
Los diarios de vida se vuelven a leer, por eso guardamos dichas escrituras. Son momentos de sangrar intimidad, que permiten que nazca la creatividad para poemas y ficciones.
Romina Reyes (Santiago, 1988). Escritora y periodista. Entre sus publicaciones están los libros Reinos (Overol), Ríos y provincias (Montacerdos) y el fanzine Parecíamos Eternas. Actualmente es tesista de la Maestría en Literatura Española y Latinoamericana de la UBA.