Nos gusta leer
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Revista Libra
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¿Cuántos libros leíste este año?, me preguntaron hace unas semanas, antes de que terminara el 2025. No tenía el dato: tampoco conté las cervezas que tomé —¿más de cien?— ni las obras de teatro que vi —menos de una— ni los partidos de fútbol que miré —seguro más de los necesarios.
Un día vuelvo a mi casa con una nostalgia inusual. Me deshago de mi bolso, de mi ropa de trabajo, los zapatos, y me acerco al librero. Identifico en el desorden, mi diario de vida, que ha tenido distintas formas durante los años. Me lanzo sobre la silla acapulco del balcón, y leo en algunas páginas lo concreto del pasado. Lo que pensaba y se ha mantenido igual. Las cosas que con el tiempo agotaron sus tramas, las que crecieron.
Una grieta sube por las paredes de la casa, subterránea triza los cimientos de lo que ilusoriamente creemos debiese ser firme: la infancia. Aquel espacio oscuro, esa fisura en la cual evitamos detenernos, va juntando historia, gritos, silencios, ausencias, dolores.