Leer tu propio diario de vida; una sutil disociación
Un día vuelvo a mi casa con una nostalgia inusual. Me deshago de mi bolso, de mi ropa de trabajo, los zapatos, y me acerco al librero. Identifico en el desorden, mi diario de vida, que ha tenido distintas formas durante los años. Me lanzo sobre la silla acapulco del balcón, y leo en algunas páginas lo concreto del pasado. Lo que pensaba y se ha mantenido igual. Las cosas que con el tiempo agotaron sus tramas, las que crecieron.
Editar no es humillar
Hay un tema no menor cuando se habla de escribir: la edición. No me refiero a la propia, sino aquella a cargo de un lector distinto a los demás, el/la/le editorx.
No sé cuántos libros leí el año pasado (y no me importa)
¿Cuántos libros leíste este año?, me preguntaron hace unas semanas, antes de que terminara el 2025. No tenía el dato: tampoco conté las cervezas que tomé —¿más de cien?— ni las obras de teatro que vi —menos de una— ni los partidos de fútbol que miré —seguro más de los necesarios.
Por qué elijo la noche para leer
Leer es la actividad con la que culmino la mayoría de mis días. Tengo en el dormitorio una repisa con los libros que quiero leer en el corto plazo, un criterio solicitado por mi pareja, luego de que la repisa colapsara por el exceso de títulos. Veo la veintena de publicaciones ordenadas; la mayoría acompañarán mi latencia, y los desvelos ya controlados, pero que a veces se activan por un maullido de mi gata engrifada, o un grito que llega a mis oídos desde la calle, no logro ver ni reconocer desde dónde.
7 cuentos de terror animal. Una reseña sobre “Bestiario del miedo”
No siempre le tuve miedo a los perros. De hecho, mi primera mascota fue una perrita: Wanda, una boxer preciosa con demasiada energía, el pecho blanco, el pelaje café y una colita casi inexistente. La Wanda nunca me dio susto, me provocaban un poco de asco su baba y sus lagañas, pero nada cercano al temor. Vivió muy poco porque le dio cáncer, y su muerte a mis 12 años marcó un antes y un después en lo que entendía como —la vida—, —estar viva—, —vivir—.
La literatura infantil primero
Lo primero que marqué en Google Maps fue la 国際子ども図書館 (Kokusai Kodomo Toshokan) – Biblioteca Internacional de Literatura Infantil, rama de la Biblioteca Nacional de Japón dedicada exclusivamente a libros infantiles y juveniles. Era incapaz de creer que en unos meses estaría cruzando el Parque Ueno para llegar ahí y me era inimaginable lo crucial que iba a ser esa visita al momento de decidir qué quería hacer en mi futuro próximo.