Un pequeño homenaje a nuestra reina, Isabel Allende
Por una extraña razón, durante años los ejemplares de Isabel Allende quedaron relegados al fondo de mi librero. Yo crecía y, poco a poco, sus historias se fueron transformando en un placer culpable: presentes en mi memoria, pero ausentes en mi voz. Mientras tanto, veía cómo la escritora de mi adolescencia conquistaba, una y otra vez, las listas de best sellers mundiales. Su popularidad me hizo sentir que sus libros eran algo banal, y hoy lamento profundamente esa actitud. Como ella misma dijo en una entrevista: “ser mujer y tener éxito, eso no lo perdonan”. Creo que, inconscientemente, yo también fui parte de esa falta de perdón.
¿Debe el Estado apoyar a los escritores?
Este año he regresado a la inestabilidad laboral, teniendo que escribir y reescribir mi currículum para postular a distintos trabajos. Redactar tu trayectoria es todo un viaje existencial.
¿Lector o posero? Ideas sobre la lectura performativa
En las últimas semanas me han llegado y aparecido muchos artículos o posteos que hablan de la “lectura performativa” —performative reading—, un nuevo concepto, como si faltaran más, que define a quienes andan con libros en público pero no necesariamente para leerlos, sino más bien para mostrar que los están leyendo.
Lectura electrónica: lo que gané y lo que perdí cuando adquirí una Kindle
Crecí en una casa de personas lectoras pero de pocos libros. Supongo que siempre tuve la noción de que eran caros, y de que no había espacio para ellos. Para poder estar cerca de los libros, me inscribí a los 6 años en la biblioteca del colegio, a los 13 en Bibliometro. A los 19 en la Biblioteca de Santiago, y a los 20 en la Biblioteca Nacional. El acceso al mundo de la lectura ya estaba logrado, pero quería tenerlos, una casa del futuro de paredes cubiertas de libros, una selección a partir de la cual se pudiera interpretar mi identidad.
Cuando no podía hablar, un libro me salvó
Cuando tenía un poco más de tres años, me diagnosticaron un trastorno ansioso: mutismo selectivo. No podía hablarle a nadie que no fuera mi madre, mis dos hermanas y mi abuela, a quien, a veces, tampoco le dirigía demasiadas palabras.
Reivindicar el fracaso de nuestras emociones: una guía queer de lectura
Un pequeño escenario: recreo en el colegio. Tocan el timbre y llega ese instante en el que varios grupos intercambian miradas porque saben lo qué harán, como la previa a empezar una coreografía.